La guerra es lo que da origen a las ciudades griegas. La organización de la guerra es lo que constituye a las comunidades de Grecia. Es el proceso de la guerra lo que pone a la Hélade en la historia.
El material político, la materia prima política es la multitud. Pero hay muchas causas que mantienen unida a una multitud. La compasión, la lujuria, el deseo de terminar de enseñar algo, el deseo de terminar de contar algo. Todos estos deseos hacen necesario mantener la comunidad, obligan al hombre a crear mecanismos que mantengan unidas a las personas.
Lo que atrae a las personas a ser una multitud son muchas cosas. Plantas y animales cuya explotación aleja el hambre y la necesidad. Personas que despiertan deseos o esperanzas, como las prostitutas, los médicos o los profetas. Un asilo, encontrado como una isla o un valle escondido. O un asilo fabricado, como un templo o una muralla.
La multitud no crece como los bosques o como los cardúmenes, ni como un rebaño gigante. El rebaño crece fácilmente. Simplemente se reproduce y se mueve de pasto en pasto. La multitud necesita un punto de estabilidad. Si a un cardumen lo ataca un pescador, o al rebaño un lobo, o si es atacado por alguna plaga, no se disgrega. Los sobrevivientes se quedan juntos. La multitud no. La multitud no reacciona de una sola manera a un ataque. Puede rendirse, puede huir, puede ser destruida, puede vencer a sus atacantes, o los puede absorber. Las multitudes humanas no son rebaños animales. El punto de estabilidad que mantuvo unidas a las multitudes griegas fue la guerra.
El rebaño puede crecer o decrecer, y sigue siendo igual. La estructura y los elementos de un rebaño no cambian aunque su número aumente o disminuya. La multitud que se reúne para explotar un valle fértil, o para adorar a un dios, o para seguir a un maestro, o para salvarse de una persecución son muy distintas. Por eso se organizan y se constituyen, es decir, se gobiernan de maneras diferentes.
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