lunes, 2 de abril de 2012

La guerra crea a la Hélade


La guerra es lo que da origen  a las ciudades griegas. La organización de la guerra es lo que constituye a las comunidades  de Grecia. Es el proceso de la guerra lo que pone a la Hélade en la historia.

            El material político, la materia prima política es la multitud. Pero hay muchas causas que mantienen unida a una multitud. La compasión, la lujuria, el deseo de terminar de enseñar algo, el deseo de terminar de contar algo. Todos estos deseos hacen necesario mantener la comunidad, obligan al hombre a crear mecanismos que mantengan unidas a las personas.

Lo que atrae a las personas a ser una multitud son muchas cosas. Plantas y animales cuya explotación aleja el hambre y la necesidad. Personas que despiertan deseos o esperanzas, como las prostitutas, los médicos o los profetas. Un asilo, encontrado como una isla o un valle escondido. O un asilo  fabricado, como un templo o una muralla.

La multitud no crece como los bosques o como los cardúmenes, ni como un rebaño gigante. El rebaño crece fácilmente. Simplemente se reproduce y se mueve de pasto en pasto. La multitud necesita un punto de estabilidad. Si a un cardumen lo ataca un pescador, o al rebaño un lobo, o si es atacado por alguna plaga, no se disgrega. Los sobrevivientes se quedan juntos. La multitud no. La multitud no reacciona de una sola manera a un ataque. Puede rendirse, puede huir, puede ser destruida, puede vencer a sus atacantes, o los puede absorber. Las multitudes humanas no son rebaños animales. El punto de estabilidad que mantuvo unidas a las multitudes griegas fue la guerra.

El rebaño puede crecer o decrecer, y sigue siendo igual. La estructura y los elementos de un rebaño no cambian aunque su número aumente o disminuya. La multitud que se reúne para explotar un valle fértil, o para adorar a un dios, o para seguir a un maestro, o para salvarse de una persecución son muy distintas. Por eso se organizan y se constituyen, es decir, se gobiernan de maneras diferentes.

sábado, 25 de febrero de 2012

Las ciudades griegas

Atenas y Esparta fueron las ciudades más importantes de la Edad griega y de todo el mundo antiguo. Las megalópolis presentes (Río de Janeiro, Ciudad de México, Nueva Delhi, Londres) son más ricas, pero no son los centros civilizatorios o morales que aquellas fueron. Quién sabe si puedan serlo. ¿Nuestra manera de hacer política nos ayude a ser hombres excelentes?

La política griega no solo ordenaba el comercio, no sólo decía qué hacer cuando los particulares tenían un pleito. La política griega daba herramientas para que los hombres fueran grandes hombres. Hombres excelentes.

Atenas y Esparta son por eso las dos ciudades más importantes para la humanidad. Son los modelos políticos, morales y civilizatorios de esa edad y de todos los tiempos.

Pero estas ciudades entraron en guerra. Se enfrentaron en la guerra mundial de su epoca.Entender por qué y cómo se enfrentaron, para qué se enfrentaron, cuál fue el resultado de su guerra y entender las consecuencias de esta guerra es fundamental para entender el origen, el carácter y la gravedad de la política, de la moral y de la civilización humanas.

Desde sus inicios Atenas y Esparta fueron muy distintas. Una vez que cada una consiguió un nivel de seguridad material y poderes políticos y militares que les permitió ser independientes desus vecinos y no temer sus ataques, sus caracteres se distinguieron.

Los espartanos optaron por ser fuertes y austeros. Eran los únicos que se ejercitaban desnudos: no temían golpearse con rudeza o caer sin protección en una pelea. Eran una aristocracia: un gobierno de hombres excelentes, entrenados para ser fuertes, superiores. Pero sobre todo los espartanos presumían de sus leyes. Sus leyes eran de tal calidad que los salvaban de verse sujetos a tiranos. Las otras ciudades eran desordenadas. En ellas se peleaban ricos contra pobres o ricos contra ricos, y tarde o temprano surgía un hombre fuerte que se levantaba con todo el poder y sólo así mantenía la paz: tratando a todos como esclavos. Los espartanos tenían leyes que, decían, los organizaban perfectamente. Las leyes, sus leyes, les permitían vivir en paz, con seguridad, a salvo de agresiones externas, y educaban a sus ciudadanos para ser hombres justos y preocupados por la justicia, dispuestos a crear la justicia aquí y ahora. En Esparta, tu deberías tener la fuerza física y el carácter moral para detener una injusticia, o para proponer lo justo.

Los atenienses eran distintos.

Los atenienses fueron ricos. Pero no era una ciudad de ricos u orientada a ostentar la riqueza. Nosotros aquí y ahora no nos preocupamos casi por nada más que la riqueza. Saber qué era ésta para los atenienses nos dará un contraste vigorizador.

Atenas es una democracia. Es decir, en Atenas todos los asuntos del gobierno eran decididos por todos los ciudadanos. Todos se veían sometidos a las presiones, a las tensiones y a las recompensas de organizar y comandar la fuerzas económicas o militares o diplomáticas  de la ciudad. Por eso sólo los varones adultos que podían comprar una armadura y las armas correspondientes eran ciudadanos. Ellos iban a la guerra, y ellos habían decidido en asamblea ir  a la guerra. Y por eso los varones adultos debían ser inteligentes. Ilustrados, educados, entrenados en la disciplina del intelecto. Todos debían poder opinar con criterio, energía e imaginación sobre la conveniencia o inconveniencia de una alianza, o de un ataque, o de armar más barcos o entrenar más tropas. En Atenas tú deberías poder explicar por qué una decisión era justa y buena para la ciudad, y luego tomar las armas e ir y defenderla.A todos los puestos siempre podía llegar un hombre con una idea, con una iniciativa que mejorara a la ciudad. En las elecciones se escogía a los mejores. Y la riqueza de la ciudad servía para adornarla. La riqueza se usaba para construir templos, murallas, mercados, y fiestas y celebraciones en las que los ciudadanos tomaban parte y se divertían y descansaban de las fatigas del gobierno.